14/12/08

Pensar históricamente. Lo que nos enseña Joseph Fontana.

Hasta hace muy poco tiempo el estudio de la Historia nos daba una visión lineal del progreso del hombre, de su imparable ascenso desde las tinieblas de la Prehistoria hasta la gloria de la civilización contemporánea, algunos quisieron poner fin a la Historia, porque todo lo importante –para ellos- se había conseguido y no era necesario ir más allá.

Pero en los últimos treinta años la esperanza de un progreso continuado, que alcanzó su máximo en los años “gloriosos” de crecimiento económico, expansión del estado de bienestar y descolonización después de la II guerra mundial, se han desvanecido, y al tener que enfrentarnos a un futuro incierto nos hemos visto obligados a mirar atrás, a examinar la historia con el fin de encontrar cuál ha sido la causa del engaño.

Queremos entender un poco mejor el presente en que vivimos, actuar conscientemente y prepararnos para el mundo que ha de venir, que no ha sido maquinado previamente por fuerzas oscuras y siniestras, sino que será el resultado de lo que sepamos y queramos hacer.

Para empezar hay que considerar que el peso de los pueblos europeos disminuirá en un futuro muy próximo, la mitad de los habitantes del mundo son asiáticos y una octava parte africanos; la mayoría, además, no son cristianos. De las veinte ciudades más grandes del mundo, ninguna está en Europa ni en los Estados Unidos.

Hace tiempo que abandonamos, por otra parte, la vieja ilusión de un progreso económico global, puesto que el proceso que llamamos “globalización” de la economía es un desastre que ha ido dejando al margen una serie de actividades, de grupos e incluso países que no le son necesarios para sostenerse. El resultado es una distribución cada vez más desigual de la riqueza que ha llevado a la predicción de que entre 2025 y 2075 la mitad de la humanidad puede encontrarse en un estado de pobreza absoluta.

Pero hay algo que hemos aprendido “pensando históricamente” y es que las profecías acerca de algo tan complejo como la evolución de las sociedades humanas acostumbran a fallar, y esto nos ha enseñado que merece la pena observar las fuerzas que aparecen al margen de las grandes corrientes dominantes, que pueden parecer insignificantes, pero que en ocasiones crecen hasta modificar el curso previsto de los acontecimientos, y arruinan imperios que esperaban perpetuarse eternamente.

Es difícil adivinar en el presente cuáles son las fuerzas que pueden modificar el futuro, pero el estudio de la evolución social nos ha de enseñar que no hay que resignarse al futuro sombrío, limitándonos a denunciarlo, sino que hay que buscar aquellas líneas de actuación alternativas que podrían evitarlo. Como dijo Bertolt Brecht: “Quien aún este vivo que no diga jamás. Lo seguro no es seguro. Todo no será siempre igual.”
Un repaso de la historia podría, tal vez, ayudarnos a entender la evolución que ha conducido al presente, para interpretar los problemas colectivos de los hombres y mujeres, comprender el mundo y ayudar a cambiarlo.

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