Uno de los orgullos arqueológicos de México es, sin duda, Teotihuacán, que en náhuatl significa ‘Lugar donde los hombres se hacen dioses’. Según el mito, esta fue la ciudad sagrada elegida por los dioses para crear el centro del universo.Fue el padre Sahagún quien recogió de boca de los aztecas la bonita leyenda que habla sobre la creación del Sol y la Luna, los dioses a quienes están dedicadas las dos magníficas pirámides. Dice así:
"Antes de que hubiese día, se reunieron los dioses en Teotihuacán y dijeron, ¿Quien alumbrará el mundo? Un dios rico, dijo yo tomo el cargo de alumbrar el mundo. ¿Quien será el otro?, y como nadie respondiera, se lo ordenaron a otro dios que era pobre y buboso. Después del nombramiento, los dos comenzaron a hacer penitencia y a elevar oraciones. El dios rico ofreció plumas valiosas que llamaban quetzal, pelotas de oro, piedras preciosas, coral e incienso de copal. El buboso (que se llamaba Nanauatzin), ofrecía cañas verdes, bolas de heno, espigas de maguey que ensangrentaba con su sangre, y en lugar de copal, ofrecía las postillas de sus bubas. A la media noche se terminó la penitencia y comenzaron los oficios. Los dioses regalaron al dios rico un hermoso plumaje y una chaqueta de lienzo y al dios pobre, una estola de papel. Después encendieron fuego y ordenaron al dios rico que se metiera dentro. Pero tuvo miedo y se echó para atrás. Lo intentó de nuevo y volvió para atrás, así hasta cuatro veces. Entonces le tocó el turno a Nanauatzin que cerró los ojos y se metió en el fuego y ardió. Cuando el rico lo vio, le imitó. A continuación entró un águila, que también se quemó (por eso el águila tiene las plumas hoscas, moreno muy oscuro o negrestinas, negruzco); después entró un tigre que se chamuscó y quedó manchado de blanco y negro. Los dioses
se sentaron entonces a esperar de qué parte saldría Nanauatzin; miraron hacia Oriente y vieron salir el Sol muy colorado; no le podían mirar y echaba rayos por todas partes. Volvieron a mirar hacia Oriente y vieron salir la Luna. Al principio los dos dioses resplandecían por igual, pero uno de los presentes arrojó un conejo a la cara del dios rico y de esa manera le disminuyó el resplandor. Todos se quedaron quietos sobre la tierra; después decidieron morir para dar de esa manera la vida al Sol y la Luna. Fue el Aire quien se encargó de matarlos y a continuación el Viento empezó a soplar y a mover, primero al Sol y más tarde a la Luna. Por eso sale el Sol durante el día y la Luna más tarde, por la noche."
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